PHASE 1

Recuerdo esos días en los que jugaba en la plaza con mis amigos, nos divertíamos bebiendo y gastándonos bromas entre nosotros. Cuando finalmente llegaba la noche, algunos de nosotros nos quedábamos allí aún un tiempo más, discutiendo, usualmente sobre temas insulsos y divertidos como videojuegos, anime, drogas y sexo

Esos temas se me hacían divertidos a mí también, pero no era la carne por la que me quedaba esperando ansioso frente a la parrilla. Reflexiones, miedos, sueños, esperanzas. Nunca se lo dije a mis amigos pero, si hay algo que me encantaba en una buena conversación, era llegar al punto en donde abríamos nuestro corazón y dejábamos ver lo que estaba dentro.

Me encantaba la forma en la que Lizy hablaba sobre lo que es la vida habiendo tenido solo una pareja desde niña, y sus ojos iluminándose cuando soñaba despierta con el día en que Valente finalmente se arrodillara ante ella con un anillo en mano

Se me hacía muy interesante oír a Edgar reflexionando sobre envejecer, hablando en monólogo sobre lo amarga y dolorosa que puede ser la vida a veces, sobre la dictadura y los terremotos, pero siempre terminando con una sonrisa, pues si el día de mañana finalmente fuese el día en el que se reencontrara con sus padres, lo haría sabiendo que no desaprovechó su oportunidad en este mundo

Temblaba de miedo con los relatos sobre los huracanes de Nicolás, lo poderosa que puede ser la furia de la naturaleza en otras partes del mundo. El chico no llevaba un año en Chile cuando vivió su primer terremoto, pero los huracanes le habían quitado tanto la sensibilidad a los desastres que era capaz de mantenerse en completa calma a pesar de todo

Y amaba perdidamente confesar ante todos mi amor hacia el espacio. Sentía una enorme fascinación hacia los astros y su imponente tamaño, a lo caótico del universo con sus estrellas de neutrones y pulsares, a lo misterioso de Marte y sus formaciones rocosas, a la infinidad de posibilidades en un mar eterno de materia oscura y estrellas danzantes.

Recuerdo que nunca me perdí un solo eclipse, que siempre que anunciaban que planetas serían visibles en el cielo me tomaba el tiempo de viajar a zonas rurales para poder admirarlos desde mi lejana y cómoda posición en una manta sobre la hierba.

Recuerdo que así fue como te conocí, esperando la llegada del cometa Halley del '61. Estaba llegando hasta mi puesto de siempre sobre la hierba, y allí estabas tú, tan hermosa y radiante como hoy. Te insulté hasta que te hartaste y te fuiste. Cuando finalmente pude poner mi manta, el cometa ya se había ido. Los dos habíamos perdido la oportunidad de verlo

Recuerdo haber estado frotándome las sienes del enojo, cuando regresaste y te sentaste junto a mi, enojada también, pero el mio era el único auto en kilómetros a las 3 de la mañana, y la batería del tuyo se acababa de averiar. Eres una chica de modales, aunque algo tímida, primero intentaste que las cosas se calmaran entre ambos, pero luego te olvidaste de la batería, a medida que yo también olvidé mi enojo contigo. Esa noche descubrimos que teníamos más en común de lo que pensábamos

Qué recuerdos. Dulces memorias de un pasado que no regresará. Lo sé, amor, no es momento para lamentarme. Sólo abrázame más fuerte

Desde pequeño que siempre fui un chico al que le comían las ansias. No podía esperar porque las cosas llegaran, a veces esas mismas ansias logrando devorar mis sueños. Noches enteras en vela pensando en lo mucho que me emocionaba el futuro. Pensando en qué maravillas nos traerían los avances de la ciencia mañana, qué nueva música, qué nuevo vídeo, qué nueva serie, qué nueva película. El futuro era un regalo misterioso, y yo estaba ansioso por poder abrirlo

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